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3 comentarios Conservación y protección

Cuando una colección empieza a crecer es necesario plantearse varias cosas. Entre ellas cómo conservarla adecuadamente y como protegerla. Todos los inicios de colección empiezan igual. Una pieza, dos, diez, etc. hasta que el número crece hasta un punto en que es necesario hacerse estas preguntas, encontrar espacio dónde colocarlas, etc.

Hay piezas o temáticas que no requieren de mucho esfuerzo y otras en cambio nos obligan a tomar medidas extraordinarias. Vitrinas, luz ambiental, humedad, mascotas, humo, álbumes, cualquiera que sea el tema seguro que nos enfrentamos a algunos de estos aspectos y problemas.

El espacio

¿Coleccionas jarrones chinos? Necesitarás unos buenos estantes o incluso vitrinas para exponerlos adecuadamente. ¿Sellos o monedas? Unos buenos álbumes o bandejas. ¿Minerales y fósiles? Unos departamentos, cajitas, estuches serían lo ideal. ¿Películas? Volvemos a las estanterías.

Cada pieza necesita su espacio. Nadie se lo plantea al principio, a menos que la colección sea algo planificado de antemano, cosa que no es corriente. No conozco a nadie que piense "voy a coleccionar coches a escala, unos 1.000, y necesito una habitación de 10 m2 con dos paredes llenas de vitrinas y estantes de vidrio, iluminados indirectamente". ¿Verdad que no? No, todo surge a posteriori. Y quizás entonces es un verdadero problema. Hasta ese punto se han ido acumulando las piezas en cualquier espacio disponible. Algunos estantes, cajas de cartón, armarios, cualquier rincón. El día que queremos exponer y conservar las piezas surge la cuestión. El espacio es limitado, no hay un lugar preparado, el coste es elevado, etc.

Por eso vale la pena tener en cuenta el espacio cuando la colección ya tiene un cierto carácter. No es lo mismo un centenar de sellos que una decena de miles de veinte países, o una docena de libros o varios miles. Cada artículo requiere una conservación y espacio distintos, obviamente.

El espacio debe contar con margen suficiente para poder ir creciendo (al ritmo de cada cual) y es importante evitar agentes contaminantes que pueden deteriorar tanto el mismo espacio como su contenido. La humedad, la excesiva luz natural o artificial, el humo (si somos fumadores), las mascotas (hay muchos coleccionistas que no aceptan una pieza procedente de un hogar donde hay animales), los insectos (si vivimos en el campo es fácil que se cuelen algunos), la excesiva temperatura y otros tantos agentes agresivos pueden estropearlo todo. Conviene un lugar seco, sin exceso de luz de cualquier clase, libre de parásitos y animales, con aire limpio y una temperatura más bien moderada tirando a baja. Los museos saben mucho de ello.

En el apartado de la luz lo ideal sería realmente poco práctico, ya que estaríamos prácticamente a oscuras o en penumbra. Los tejidos, papel, fotografías, etc. no son buenos compañeros de la luz. Así que hay que limitar las horas de exposición a luces potentes. Deben usarse sólo en momentos de exposición (cuando visitamos la colección, con amigos, etc.) y atenuarla lo más posible cuando las piezas están "en reposo" sin nadie presente.

La humedad no hace falta ni mencionar que es altamente nociva, y aparte del estropicio directo que provoca es también un foco para la generación de hongos y moho, altamente destructivo. Hay que evitarla a toda costa.

El humo y las mascotas se consideran más bien un contaminante desagradable por lo que dejan tras de sí. Malos olores, parásitos, etc. Mejor si el ambiente está libre de todo ello. No hablemos de los roedores, enemigos acérrimos de cualquier tipo de materiales.

Los insectos abarcan muchas posibilidades. Muchos de ellos son enemigos directos del papel, destruyéndolo y malbaratándolo. El espacio debe estar libre de tal plaga.

La temperatura puede estropear muchos tipos de objetos. La ideal sería demasiado baja para las personas (alrededor de 15º), no hace falta quizás llegar a tanto. Pero si el espacio destinado a la colección supera los 25º tenemos un problema. El aire acondicionado es una opción, siempre y cuando sea de calidad, sin generar humedad adicional.

Protección

Cuando hablo de protección me refiero a seguridad, a posibilidad de robo. Una colección de joyas es evidente que debe ser protegida. Si el tema elegido tiene un alto valor económico y muy patente, hay que invertir en vitrinas reforzadas, cierres, alarmas, etc. ¡Vaya! Dirá más de uno, pero así es. Colecciones las hay de todo tipo, no sólo de libros, cromos o monedas. Los objetos de más valor tienen que tratarse como tales, como tesoros, como joyas. Una parte de la inversión económica en tales objetos debe destinarse a asegurarlos, a protegerlos, a evitar que desaparezcan de la noche a la mañana, se por robo, incendio o cualquier otra causa.

Se da el caso de que una pieza en sí no tiene valor económico como para plantearse una solución de seguridad, pero el conjunto de la colección completa puede que sí. Como ejemplo, las colecciones de placas de cava. Algunas pueden llegar a valores de 30 o 40.000€. No está mal por unas cuantas placas ¿verdad? Lo mismo ocurre con sellos y monedas. Y con muchas otras piezas.

Tal vez el aspecto de conservación sea más familiar a todos que el de protección y seguridad. Sirva este breve comentario anterior para que se tengan en cuenta todos ellos.

Bibliografía

Hay bien poca documentación al respecto, apenas he encontrado un libro que habla del tema, escrito por un auténtico experto en conservación de museos en colaboración con otra persona nada vinculada a dicho mundo.

Saving Stuff
Don Williams, Louisa Jaggar
Touchstone, 2005)

http://www.amazon.com/Saving-Stuff-Collectibles-Heirlooms-Possessions/dp/0743264169

Existen, eso sí, libros específicos para temas concretos, como conservación de fotografías, antigüedades, etc.

Saving Stuff

Escrito por Joan Fusté

2 comentarios Hipercolecciones

Colección.

(Del lat. collectĭo, -ōnis).

  • 1. f. Conjunto ordenado de cosas, por lo común de una misma clase y reunidas por su especial interés o valor.Colección de escritos, de medallas, de mapas.
  • 2. f. Serie de libros, discos, láminas, etc., publicados por una editorial bajo un epígrafe común, generalmente con las mismas características de formato y tipografía.
  • 3. f. Gran cantidad de personas o cosas. Colección de cretinos, de despropósitos.
  • 4. f. Conjunto de las creaciones que presenta un diseñador de moda para una temporada. Colección primavera-verano.
  • 5. f. Acumulación de una sustancia orgánica.

Es con la definición de colección que inicio esta entrada acerca de las hipercolecciones, y lo hago para dejar claro qué es una colección antes de pasar al nivel superior que denominaré hipercolección.

Revisando estructuras, catálogos y sistemas de clasificación se hace patente que es harto difícil estandarizar un método aplicable a toda necesidad. Quien colecciona únicamente una temática puede tener la opción y la suerte de encontrar una solución que encaje perfectamente. Es el caso de las colecciones de libros, películas, etc. Son colecciones fáciles de catalogar por la sencilla razón de ser muy comunes, populares o generales. Si el coleccionista tiene más de un interés, digamos libros y películas, estará en el mismo caso, pero con dos soluciones diferentes. Pero cuando son varios los temas que catalogar puede ser que alguno de ellos no esté contemplado en dichas posibilidades. Hablo de soluciones informáticas, por supuesto.

Primero, estamos ante un coleccionista de colecciones, o multicoleccionista. Y segundo, es un engorro a nivel de gestión, pero eso es tema de otro artículo.

Tenemos pues coleccionistas de un tema y los de varios. ¿Qué sucede cuando nuestro interés no es una disciplina general, como la filatelia, el cine, la pintura, etc? ¿Qué pasa cuando lo que coleccionamos es multidisciplinar?

Pondré mi caso como ejemplo, a riesgo de repetirme, pero creo que servirá para mi objetivo.

Entre otras cosas colecciono Blade Runner. No sólo la película, sino todo lo que está relacionado con la misma. Esto significa coleccionar ediciones de la película, libros, pósters, atrevo, réplicas, ilustraciones, merchandising, figuras, fotografías, bandas sonoras y así un largo etcétera. Como puede verse no es una colección homogénea, sino que abarca varias disciplinas o categorías. Cada una de ellas sería parte de una colección general. Pero lo que me interesa es el tema que funciona como nexo de unión entre sí. Así es como obtenemos una hipercolección. Blade Runner como colección de colecciones.

Hay más ejemplos, por supuesto. Cualquier otra película cumple los requisitos, o un actor, escritor, temas como las guerras mundiales, etc. En cada caso se cumple lo anterior, abarcan múltiples disciplinas.

La dificultad que plantea una hipercolección es evidente. Contempla objetos que no son homogéneos entre sí. Su catalogación se complica un número de veces igual al número de disciplinas (o categorías) que engloba.

¿Cómo gestionar una hipercolección?

Posiblemente una solución práctica sea pensar en un concepto nuevo, el de colección grupal, es decir, un grupo de colecciones menores forman una gran colección, la hipercolección. Y además, algunas de éstas pueden formar parte a su vez de otras hipercolecciones, o de colecciones generales.

Seguimos con el ejemplo anterior. Dentro del universo Blade Runner figura el escritor de la novela original, Philip K Dick. En sí mismo también es una colección, si nos interesa, como es mi caso, toda su obra, ensayos, etc. En este caso hay una colección particular, Philip K Dick, que además forma parte de otra mayor, Blade Runner.

¿Qué ocurre si además coleccionara literatura americana del siglo XX? Pues que los libros de Dick estarían englobados, junto a los de otros autores, en una colección de una disciplina concreta.

Así pues, una novela como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? pertenece no a una categoría, si no a varias en paralelo. A saber: Blade Runner, Philip K Dick y Autores americanos del siglo XX.

Una solución posible: las etiquetas

En lugar de repetir el registro de la novela en tres categorías, elegimos una sola, la que nos parezca más pertinente, importante o relevante. Por ejemplo, Philip K Dick como conjunto. Y para que figure en la hipercolección Blade Runner y en la colección de Autores americanos del siglo XX, añadimos a cada registro (libro) una etiqueta tal que, BLADE RUNNER y AUTORES AMERICANOS S XX.

De este modo podemos crear diversas jerarquías con los mismos datos. Cuando nos interese ver todos los libros de AUTORES… bastará con utilizar la etiqueta que acabamos de crear para hacer un filtrado de los datos y como resultado obtendremos una lista de libros que cumplan esa condición, al margen de la categoría principal.

Ampliando horizontes puede ser que una etiqueta esté vinculada con otra u otras. Al margen de cómo debe funcionar internamente, la cosa sería poder relacionar diversas etiquetas entre sí y al objeto en cuestión. Esto permite "tirar del hilo" y a partir de un libro llegar a una película, o a un juego, o a una disciplina totalmente diferente que en principio puede parecer no estar relacionada. Existen aplicaciones de entretenimiento que hacen exactamente esto con palabras. Las relacionan unas con otras creándose nuevas ramas que difieren ligeramente con su origen y así se llega a establecer una conexión entre dos palabras distantes por sí mismas, a través de una ruta o camino que evoluciona en cada paso.

La hipercolección es una característica habitual en el coleccionista completista. O lo que es lo mismo, el que colecciona cualquier cosa relacionada con su tema principal de interés. Da lo mismo si se trata de un uniforme, una medalla, una tarjeta postal o un juego. Si tiene alguna relación con el tema principal, el completista la contempla en su rango de interés. En otra ocasión hablaremos de ello.

Esquema de hiperdatos

Escrito por Joan Fusté

3 comentarios El coleccionismo como inversión de futuro

Uno de los aspectos que un coleccionista debe plantearse en algún momento de su vida es el futuro. El futuro de su colección y su propio futuro. En el primer caso, es importante saber o preveer qué ocurrirá con dicha colección cuando ya no estemos aquí. Nadie es eterno, así que es de lo más normal pensar en ello. Hablo de colecciones importantes, ya sea por su tamaño, temática o valor. No es lo mismo tener media docena de albums de cromos antiguos que una pinacoteca dedicada al cubismo, pongo por caso. Toda colección tiene sus valores, por supuesto. En ocasiones serán más sentimentales o personales que económicos, sin duda.

El primer paso, pensando en lo anterior, es catalogar la colección (o colecciones). Llevar un registro de cada pieza es interesante por diversos motivos. Primero, nos ayuda a saber qué tenemos, qué no tenemos, qué hemos prestado (si se trata de libros, películas, etc.) y qué es lo que nos falta o nos interesa encontrar. Segundo, el catálogo reúne toda la información sobre la pieza en cuestión. Su origen, su descripción, todos los detalles que sean pertinentes, y un dato a tener en cuenta: su valor económico en el mercado. Podemos registrar tanto el precio de compra como el de venta actualizado. Por una parte nos sirve para saber si nuestra colección tiene un valor constante o se revaloriza con el tiempo (que es lo más normal), y por otro para ser conscientes de lo que hemos invertido hasta el momento y el valor total de mercado.

¿Por qué incido en el valor económico? Por varias razones. A pesar de tener todo catalogado, si no hay quien continúe con nuestra afición (ya sea un pariente cercano, amigo, etc.), ¿cuál será el destino de la colección? En el mejor de los casos, alguien la continuará. En otros, quizás los herederos quieran venderla y para ello nada más útil que disponer de ese catálogo para no vender por debajo del precio que tiene. Otra posibilidad es ceder la colección a un museo o institución que se encargue de conservarla y hacerla pública.

También hay que contemplar que el futuro no es cierto para nadie. Conozco casos de coleccionistas que gracias a sus años de afición y recopilación de piezas de valor, llegado el momento (jubilación, malas épocas económicas, etc.) pueden subsistir vendiendo sus colecciones o parte de ellas. El catálogo nos será una vez más muy util. El tiempo va borrando recuerdos y es probable que no tengamos una idea clara del valor de una pieza determinada. El apoyo del catálogo será importante para decidir y determinar qué piezas vender y que ofertas valorar. Tampoco es extraño vender parte para conseguir otras piezas. Ya sean mejores o más interesantes. Ciertos objetos tienen una utilidad que yo llamo periódica. En un momento pueden sernos útiles para una investigación, una publicación, un estudio, y más tarde no son más que el testigo de ese ensayo y ya no nos interesa conservar el original. Llegados a este punto es más provechoso deshacerse de ellos y refinanciarse.

Entiendo que muchos coleccionistas, por su temática elegida, o por cualquier otro motivo, no vean esta posibilidad como probable en su futuro inmediato. Pero, ¡nunca se sabe!

En relación directa está la correcta conservación de los objetos, para que no pierdan valor. El ambiente donde se guardan o exponen, por ejemplo, debería estar libre de mascotas, humo, humedad, excesiva luz solar, polvo, suciedad, etc. Un poco lo que se practica a diario en los museos, que de esto saben un poco. El deterioro por dejadez es imperdonable. Una buena colección de fotografías antiguas tiene que tener sus cuidados, por ejemplo.

Cualquier aficionado a la filatelia o la numismática entenderá a la perfección lo dicho. Ninguno de ellos, si se toma la colección en serio, amontonará sus ejemplares en una simple caja de cartón. Al contrario, invertirá cierto dinero para organizarlos en álbumes, bien protegidos. Lo mismo debería aplicarse a cualquier colección que se precie. Es la diferencia entre un montón de cachivaches y una serie de piezas que tienen una relación entre sí, bien ordenada y conservada.

¿Cómo crear el catálogo?

Existen muchas posibilidades, como es lógico. Una bien simple es llevar un registro en una libreta, un bloc de notas, etc. Es la más sencilla y económica, pero tiene sus puntos débiles. Es difícil reordenar los registros (a menos de que usemos una libreta con anillas y hojas intercambiables), tampoco facilita compartir los datos con los demás por vía telemática, etc. Creo que el bloc de notas o similar es adecuado como primer registro, el registro en bruto. El paso lógico siguiente es informatizarlo todo.

La informática nos rodea por todas partes, así que no es difícil encontrar soluciones ya hechas que pueden adaptarse a nuestras necesidades. Desde hojas de cálculo personalizadas, hasta sitios Web como Kolectia, pasando por todo tipo de aplicaciones para el ordenador personal, el teléfono móvil, etc. Hay aplicaciones específicas para organizar libros, películas, música, sellos, monedas, etc. Mi ideal sería una base de datos multidisciplinar, con multitud de opciones para poder organizar y catalogar cualquier pieza. Ya sea un abrigo utilizado en el rodaje de una película, un fósil primitivo o una jarra de cerámica. Todo con su registro completo, información detallada y fotografías ilustrativas (o incluso vídeos, cortes de sonido, etc.). Todo lo que de una visión clara de cada objeto, su función o su razón de ser, y por supuesto su valor.

Más de uno quedará sorprendido del valor que tiene en su casa, en sus estantes, en sus cajones, en sus vitrinas, etc. Y puede que entonces tome decisiones basándose en esa información. ¿Vale la pena seguir la colección? ¿Hay que cambiar alguna pieza? ¿Es necesario invertir para protegerla mejor? Surgirán mil preguntas y dudas. Quizás todo esto suene ajeno a quien va acumulando objetos con un fin común: tener una serie o un conjunto y poco más. Para el coleccionista innato, aquel que busca sin cesar nuevas piezas, con el peregrino objetivo de terminar algo, será en extremo útil conocer el estado de la cuestión. Y si el catálogo registra también dónde hemos encontrado la pieza (sea en una tienda de segunda mano, un centro comercial, o una subasta online), nos ayudará para próximas búsquedas y adquisiciones sin tener que volver a partir de cero.

Cualquiera que sea el sistema empleado debe ser ampliable, extensible y sin limitación de espacio o volumen. En la actualidad disponemos de unidades de almacenamiento de capacidades muy grandes que solucionarán este punto a un coste muy razonable. No hay excusas. Y como alternativa está el almacenamiento online, privado o público, que nos permite además acceder a la información desde cualquier punto en el que nos encontremos (como ejemplo la base de datos de placas de cava en xapes.net, mucho más útil que si nos dedicamos a crearla por nosotros mismos en nuestro ordenador y un día se nos estropea).

Colecciones finitas e infinitas

Tras merodear un tiempo por Kolectia y otros sitios similares, se observan dos tipos generales de colecciones: las finitas y las infinitas. Para distinguirlas pondré dos ejemplos claros. Una colección finita es la que consiste en una serie de objetos y no más. Un caso sería cualquier colección de cromos publicada. Tiene tantos ejemplares y ya está. La colección infinita es fácil de reconocer. Es aquella que nunca termina. Por ejemplo, una colección general de películas de cine. Cada día se publican cientos de ellas en el mundo. Por tanto, es infinita.

Cuando se trata de una colección infinita es interesante poder aprovecharse de las bases de datos disponibles en la red. ¿Para qué? Para obtener la información básica del objeto mediante una rápida consulta a la red. Como ejemplo tenemos los libros, codificados con su número de ISBN único, así como películas, música en soporte físico, cómics, revistas, videojuegos, etc. No vale la pena volver a escribir todos los detalles que ya se encuentran en la red. Esta opción está incorporada en las últimas aplicaciones aparecidas para gestionar este tipo de colecciones. Con un simple lector de códigos de barras, o con el propio teléfono inteligente, apuntamos al código y el dispositivo se conecta a la red, lee la información de la base de datos y rellena los campos en nuestros propios registros. ¡Con un solo clic!

Como puede verse, sistemas los hay, muchos y variados. Por decirlo de algún modo, no existe excusa alguna para no ser ordenado y tenerlo todo bien registrado y catalogado.

¡Ahora te toca a tí!

¿Aún no has hecho los deberes? Pues… ¡empieza ya! No esperes a tener mil piezas, comienza con una docena y cada nueva incorporación te llevará unos pocos minutos. ¡Vale la pena! O te pasará como a mí. Ahora enfréntate a todo ésto:

Coleccionar y ordenar

Escrito por Joan Fusté

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